martes, 19 de agosto de 2008
domingo, 17 de agosto de 2008
Alter, Ipse ... Fiat
Ilusos. Quieren cambiar el mundo, pensaba para sus adentros. En la espaciosa sala de estar sólo se oía el murmullo del crispar de madera quemándose. Alguien, en una mesita, con una cruz de plata sobre ella, hablaba de crisis y cambios. Pamplinas para él. ¿Desde cuándo el sufrimiento ha sido bueno? Son sadomasoquistas, se decía. Les gusta ver sufrir a la gente y sufrir ellos mismos. La tarde corría lúgubre. Llovían las nubes en mitad del invierno en el interior del país. La cordillera tapaba los campos y majestuosa se imponía con la nieve, eterna. Locos de remate. Locos como Él. Aquí están todos locos. Se sentía como en rebaño. Ahora se levantan, ahora se arrodillan. Todos callan. Nadie se atreve siquiera a suspirar. Siguiendo el rebaño, balbuceó cuatro palabras inconexas. Pasmado, miró el camino que se le presentaba al otro lado de la ventana. Para qué he venido; cómo le hubiese gustado salir de allí en ese preciso instante. Tomó uno de los tantos libros esparcidos en la mesita de la sala y se dispuso a entrar en el oratorio. Se hincó: no vaya a ser que me azoten por no hacerlo. Abrió el libro y leyó:
"¿Te acuerdas? - Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. - Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo. Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles."
Nunca estuvo en la ciudad castellana, en su vida había hecho oración. Aunque sí podía oir las voces que proclamaban en cien lenguas la sed de Cristo. Enjugó la lluvia de sus ojos, besó el crucifijo y también sin recatarse ni pedir permiso, se dispuso a recorrer el camino del otro lado de la ventana.
"¿Te acuerdas? - Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. - Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo. Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles."
Nunca estuvo en la ciudad castellana, en su vida había hecho oración. Aunque sí podía oir las voces que proclamaban en cien lenguas la sed de Cristo. Enjugó la lluvia de sus ojos, besó el crucifijo y también sin recatarse ni pedir permiso, se dispuso a recorrer el camino del otro lado de la ventana.
martes, 29 de julio de 2008
Manos

Manos. Manos limpias, manos sucias, manos llenas de historias. Manos que ríen, manos que lloran. Manos que sueñan si duermen a solas. Manos tentadas de tocar tus mejillas, manos que hablan si las miras. Manos sudorosas bajo las tuyas, manos que tiemblan ante la duda. Manos que rozan tus álgidos sesos, manos que quieren comerte a besos. Manos que siembran manos que matan, no te descuides, si no se te escapan. Manos tan llenas, manos vacías ... manos tan tristes, manos tan solas, si es que tus manos no tienen las mías. Manos de gloria contigo; sin tí ... manos marchitas.
Imagen: Mano del desierto, Antofagasta, Chile.
lunes, 28 de julio de 2008
domingo, 27 de julio de 2008
Por si ...

Margarita tiene tres piedras: una de color rojo, otra de color amarillo y otra verde. Se pasea en las mañanas, sola, por el lodo. A veces se hunde, otras veces sale del barro, gloriosa. La hacen correr. Es rubia y de ojos azules. Sus rizos parecen extensiones del sol; tan ardientes. Mendiga sonrisas, pero es tiempo de vacas flacas y no se regalan ni se venden. No se abren ni las bocas: ni pan ni palabra. En el silencio Margarita abre la boca y se bebe el agua que cae del cielo. Es el milagro de cada día. En medio del gris, brillan el rojo, el amarillo y el verde.
Margarita tenía tres piedras: una de color rojo, otra de color amarillo y otra verde. El gris acaece en el campo rejado y pintado de rayas verticales. Los restos de Margarita vuelan en forma de cenizas, sobre el cielo que dejaba caer el agua que ella bebía. Ya no hay boca que abra, no vaya a ser que entren las moscas.
jueves, 10 de julio de 2008
Voy a tocarte ... toa
Pensaba que lo había visto todo en relación a extravagancias. Me equivoqué, como siempre suelo hacerlo.
Hoy fui a mi clase de baile entretenido en el gimnasio (una hora intensa de baile más una hora intensa de yoga). Venía un profesor que yo no conocía y que había estado de viaje. ¡Qué bien! - pienso - una nueva coreografía.
Miro hacia la puerta y entra un tipo bajito, moreno, de nariz respingada ... tiene quizás 30 años, aunque dudo que más. Se saca el abrigo, pone la música y empieza el espectáculo. Literalmente un circo. El tipo (muy macho) se movía como una mujer: sacando "pesho", haciendo un movimiento sexy de cadera y con delicados gestos de mano. Me reí para mis adentros ... no me pude contener la risa: too much. Y cuando pensé que empezaba la diversión, empiezó a sonar "la" canción. ¡Ahora tenian que ponerla! Van a tocarnos a todas y nos van a hacer señoras en esta clase de baile ... tengo que admitir que por una milésima de segundo me dieron ganas de no bailar. Pero le di una oportunidad a cambiar el significado de la canción. Y me divertí más que nunca. Sobra decir que el contenido sexual de la coreografía rozaba el límite de la ordinariez; pero me reí. Parece que hacer deporte sí te pone más contento.
Cuando pensaba que el profesor no podía llegar a hacer otra cosa más estrambótica ... me volví a equivocar: a mitad de una canción saca una especie de manga de vuelos de colores fosforescentes y se la pone en el brazo cual rumbera con frutas en la cabeza. Jajajaja, aún me rio cuando me acuerdo de la imagen. Lo más divertido es que la clase está llena de mujeres casadas de 40 años por lo menos que le siguen el juego dichosas. Tendríais que haber visto la clase anterior, que la dio un negro sabrosón (casado, le vi la argolla ... lo siento Papita) y poco más y me resbalo con la baba que las señoras iban dejando en el piso de madera.
Ya al final de la clase, donde parecíamos más tomates meneando el trasero que mujeres bailando coreografías, Luis Alberto puso la canción "Men, I feel like a woman" de Shania Twain. El maestro cubano, todo sudoroso a esas alturas del partido, era una más entre todas. Terminé concluyendo dos cosas: que el tipo si no era maricón era muy buen actor y que no hay nada mejor que un profesor de baile afeminado o al menos que lo aparente.
Hay que admitir algo, no todo es negativo: mueve el pandero mucho mejor que yo y tiene un ritmo de la leche. Quizás por eso vuelva a su clase la semana que viene.
domingo, 6 de julio de 2008
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