jueves, 11 de diciembre de 2008

Para mi muñeco

Hace ya mucho tiempo que no te recordaba. Quizás permanecías, callado, en el fondo de mi materia gris, porque en mi corazón siempre has existido vivo. Hace tiempo que había dejado esas costumbres infantiles, y me había olvidado de lo que era ser feliz. Hace tiempo que no sé qué se siente al jugar entre almohadones viejos y raídos. Tú me brindabas esa sensación de grandeza, de ser la dueña del mundo entero. Pero el brillo de mis ojos se ha ido desgastando, y en su lugar sólo coexisten ojeras y un rojizo cansado en la mirada. Ya había olvidado lo que era ser niño. Me olvidé de saltar en la cama de mis padres, y empecé a reemplazar esa sensación por rubor en las mejillas. Me fui preocupando de lo que no hace falta y dejé de lado las despreocupaciones de la infancia. Me fui haciendo mayor. He ido creciendo a un ritmo escandalosamente rápido y furioso. He cambiado mis muñecos por accesorios llenos de lentejuelas y vanidad. Pero tranquilo muñeco, nunca me olvidaré de ti. Eras mi secreto mejor guardado, y tan guardado lo he dejado en todos estos años, que ya ni te recordaba. Pero un viaje a casa te ha devuelto a mi memoria. Contigo he recordado los lacitos de seda que llevaba en el cabello para ir a misa los domingos. Y correteaba en el parque de enfrente de la iglesia, sin preocupaciones, lo único que me quitaba el sueño era que no me pillaran jugando al pilla pilla. En tu cabello de lana he visto el peine que utilizaba para arreglarte como si fueras hijo mío. Y soñaba con mi maternidad. Eras mi anhelo de hacerme mayor, y qué paradoja, ahora eres mi camino para volver a hacerme pequeña, casi invisible. Contaba los días para crecer, y ahora cuento los días que llevo siendo mayor. Si la boca se me manchaba de chocolate, me miraba en el espejo y me sentía orgullosa de tener una barba marrón y deliciosa. Ni te cuento qué pasaría hoy si encontrara barba en mi cara …

sábado, 22 de noviembre de 2008

Las palabras



Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan. Me posterno ante ellas. Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito. Amo todas las palabras. Las inesperadas. Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen.
Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío. Persigo algunas palabras.
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas. Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo. Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.
Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba.
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces. Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada.
Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías. Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes: el idioma. Salimos perdiendo, salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho...


Nos dejaron las palabras.




Pablo Neruda




viernes, 3 de octubre de 2008

Felices 80 años


Se nos olvidan que están ahí, que nos conmovieron en algún momento de nuestras vidas. Permanecen calladas, apacibles, escondidas y se jactan de que no las encontremos. Se dicen alto y fuerte o entre cuchicheos y murmullos sordos. Las guardamos en el cajón de la mesita de noche antes de irnos a dormir y nos despertamos con ellas entre el baho de la ducha. Ríen y lloran, nacen y mueren. Se escriben y se borran. Salen de la nada como flores en primavera y desaparecen entre la niebla de la incertidumbre. Retumban en los oídos y enamoran. También decepcionan.

Ayer las leí entre los latidos de mi olvidadizo corazón, las vi entre los labios de aquel sacerdote que veneraba al Santísimo Sacramento del Altar. Me recordaron la grandeza y pequeñez de un hombre, santo. Las tomé en mi boca, las mascullé, las tragué y las digerí. Se me cayeron de los ojos, se me clavaron en la ropa. Se me impregnaron en la piel como el perfume fresco de la mañana. Me entraron por los poros como agua. Fresca, nueva, radiante. Y recordé que las conocía y que en algún momento de mi vida me había enamorado de ellas. Que eran ellas, las palabras, las que me movían el corazón: diminuto, pequeño y necesitado.

Soñé con ellas y me quedé corta ...

viernes, 19 de septiembre de 2008

¡Debilidad!



¿Qué hace que tenga los ojos entreabiertos durante la primavera? ¿Será la alergia o la coquetería de saber que se altera la sangre? Todo sea abre en esta época del año: las flores, los parques de atracciones, las pistas de baile ... los corazones. ¡Cuidado! Que Cupido anda al acecho y hace rato te tiene fichado ...





Espacio Sideral - Jesse y Joy

martes, 9 de septiembre de 2008

Septiembre

Marchita la rosa de acero.
Blanca y taciturna en enero.
Era verano allá en el sendero.
La leve brisa se llevó su aliento.
Mascullados los pétalos de esperpento.
Chirría el sol, se esconde lento.
La risa da paso al tormento, suave ...
sigue el llanto.
El tallo ha perdido su tiempo.
Las hojas revolotean al viento,
aunque sigue el camino descalzo,
las horas desnudas de alimento.
La dicha da paso al descanso,
aguado en aceite: denso.
Los ojos suspiran, llora la boca;
mañana ha perdido lo eterno.

martes, 19 de agosto de 2008

To be or do be do?



"To be is to do"
Sócrates


"To do is to be"
Jean Paul Sartre


"Do be do be do"
Frank Sinatra

domingo, 17 de agosto de 2008

Alter, Ipse ... Fiat

Ilusos. Quieren cambiar el mundo, pensaba para sus adentros. En la espaciosa sala de estar sólo se oía el murmullo del crispar de madera quemándose. Alguien, en una mesita, con una cruz de plata sobre ella, hablaba de crisis y cambios. Pamplinas para él. ¿Desde cuándo el sufrimiento ha sido bueno? Son sadomasoquistas, se decía. Les gusta ver sufrir a la gente y sufrir ellos mismos. La tarde corría lúgubre. Llovían las nubes en mitad del invierno en el interior del país. La cordillera tapaba los campos y majestuosa se imponía con la nieve, eterna. Locos de remate. Locos como Él. Aquí están todos locos. Se sentía como en rebaño. Ahora se levantan, ahora se arrodillan. Todos callan. Nadie se atreve siquiera a suspirar. Siguiendo el rebaño, balbuceó cuatro palabras inconexas. Pasmado, miró el camino que se le presentaba al otro lado de la ventana. Para qué he venido; cómo le hubiese gustado salir de allí en ese preciso instante. Tomó uno de los tantos libros esparcidos en la mesita de la sala y se dispuso a entrar en el oratorio. Se hincó: no vaya a ser que me azoten por no hacerlo. Abrió el libro y leyó:

"¿Te acuerdas? - Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. - Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo. Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles."

Nunca estuvo en la ciudad castellana, en su vida había hecho oración. Aunque sí podía oir las voces que proclamaban en cien lenguas la sed de Cristo. Enjugó la lluvia de sus ojos, besó el crucifijo y también sin recatarse ni pedir permiso, se dispuso a recorrer el camino del otro lado de la ventana.